El pasado 11 de marzo, el Instituto Social de la Marina de Alicante acogió una sesión informativa sobre la obligación de desembarque que desde el pasado 1 de enero de 2017 ha entrado en vigor para las especies demersales del Mediterráneo y que progresivamente irá afectando a otras especies hasta su completa implantación en el año 2019. Impulsada bajo un argumento ambientalista y tendente a evitar el desperdicio, la puesta en marcha de esta normativa, promovida por poderosos lobbies ecologistas europeos, es mucho más compleja y costosa para los pescadores de lo que pueda parecer.

Con el fin de explicar la nueva normativa europea y solventar las dudas del sector pesquero, D. Rafael Centenera Ulecia, Subdirector General de Caladero Nacional, Aguas Comunitarias y Acuicultura, de la Secretaría General de Pesca, del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente se desplazó a Alicante. El acto, organizado por la Federación Provincial de Cofradías de Pescadores de Alicante y la Asociación de Armadores de Santa Pola, contó la asistencia de más de medio centenar de personas del sector pesquero procedentes de las provincias de Alicante, Valencia y Murcia.

Rafael Centera Ulecia en la sesión informativa celebrada en Alicante

El Sr. Centenera explicó que el reglamento comunitario se basa en tres pilares encaminados a la sostenibilidad de la pesca: económico, social y medioambiental. Y que la política europea aboga por no desperdiciar las especies capturadas que no se puedan comercializar -sometidas a TACs (Totales Admisibles de Capturas) o tallas mínimas-, de modo que sea obligatorio desembarcarlas en puerto en vez de tirarlas por la borda, como se venía haciendo hasta ahora. Estas capturas tiradas por la borda, en el caso de que hubieran muerto al caer en las redes servían de pasto para otras especies marinas y gaviotas, y las que sobrevivían tenían una segunda oportunidad.

El Subdirector General de Caladero Nacional aclaró que las especies que no estén sometidas a tallas mínimas en el Mediterráneo podrán seguir descartándose, al tiempo que la obligación de desembarque no se va a aplicar a especies con altas posibilidades de supervivencia, algo en lo que están trabajando los científicos para demostrarlo fehacientemente. Al mismo tiempo, la normativa contempla las exenciones de «minimis», que supone que una cantidad pequeña de hasta el 5% podrá seguir devolviéndose al mar. Centenera explicó que la Comisión Europea pide que ese tipo de flexibilidad debe articularse a través de Planes de Descarte, que se desarrollan a través de la Mesa de Descarte, y deberán estar completamente aplicados el 1 de enero de 2019 para todas las pesquerías afectadas.

Desde el 1 de enero de 2017, la obligación de desembarque ya es real para la flota de cerco de anchoa, sardina, caballa y jurel (con la exención de «minimis» del 5%) y para las especies demersales del Mediterráneo (merluza, 25%; y salmonete, 25%). Para las demás pesquerías y especies su actividad no se verá afectada hasta que se incluyan gradualmente hasta el año 2019.

Qué se puede hacer con las capturas por debajo de la talla mínima

La normativa establece que estas capturas no se pueden usar para consumo humano directo, bajo el argumento de que en caso contrario se incentivaría su captura para su venta ilegal. De este modo, los descartes sólo pueden emplearse para la fabricación de harinas de pescado, piensos para animales, aditivos alimentarios, aceite de pescado, fertilizantes, compostaje, cosméticos… En cualquier caso, salidas comerciales que no permiten rentabilizar mucho las capturas, debido a su bajo precio.

Todas esas capturas deberán ser registradas a bordo en el DEA (Diario Electrónico de Abordo) y en la declaración de desembarque, y salir de la lonja con una referencia clara de su destino final. Tal como expuso el Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores de Calpe, Juan Pérez Ibáñez, el problema con el que se encuentra el sector pesquero es que la escasez de tripulantes en las embarcaciones hoy por hoy hace inviable poder destinar mano de obra para clasificar y conservar a parte los descartes a bordo, al tiempo que una vez desembarcados en Puerto se carece de medios para su conservación.

Otro punto débil de esta política, según la opinión expresada por algunos asistentes, es el hecho de que se impida el consumo humano directo de este tipo de capturas, ya que al menos, aunque no pueda comercializarse podría destinarse a ONG, comedores sociales o comedores escolares. Pero la UE se muestra tajante al respecto y se niega a aceptar esta salida, que evitaría el desperdicio de este preciado recurso.

Por último, el Sr. Centenera a una pregunta relativa a cómo ve el sector de aquí a diez años auguró la reducción de la flota a la mitad, aunque el incremento del número de tripulantes. Al mismo tiempo, destacó la necesidad de la autorregulación para recuperar un caladero sobreexplotado, tal como indican los biólogos, cuya recuperación es factible y precisa si los pescadores no quieren que las medidas, mucho más contundentes, vengan impuestas por Bruselas.